Historia
Un día, un hombre encontró un extraño huevo y le llamó tanto la atención que lo llevó a su casa para mostrárselo a su esposa. Al día siguiente el huevo hizo un leve movimiento y notaron que se estaba produciendo una pequeña perforación. Se quedaron mirando al huevo por un buen rato y observaron que el pájaro estaba esforzándose para romper el huevo.
No parecía progresar mucho, de modo que el hombre rompió un poquito la cáscara alrededor de la grieta. Nada. Pensaron que el pájaro estaba desesperado y nunca podría salir de allí. La cáscara parecía demasiado dura para que un pichón la rompiera, así que tomaron una tijera y comenzaron a abrir el huevo.
El ave por fin salió, pero tenía el cuerpo muy contraído y las alas pegadas al cuerpo. El matrimonio observó expectante, pero nada pasó. El pichón quedó atascado en esa posición, sin poder volar.
En su impaciencia, no habían pensado que el ave necesitaba luchar dentro del huevo e intentar salir por el pequeño hoyo que había hecho, porque esa era la manera que Dios había diseñado para forzar los fluidos que debían llegar a las alas para que el pájaro pudiera volar una vez salido del huevo.
¿Qué podemos aprender de esta historia? Que debemos aprender a esperar
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La escuela de la paciencia
Aunque no seamos capaces de verlo o captarlo, Dios está trabajando en nosotros.
Filipenses 1:6b. “… el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” Usa un pasado, y un futuro. Esto implica un proceso, un tiempo
1ª Pedro 5:10. “Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en Cristo, Él mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá.” Dios nos está diciendo que esperemos, y que Él mismo nos ayudará
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¿Qué podemos hacer ante ese “trabajo” que Dios está realizando en nosotros?
- Aceptarlo, y estar dispuesto a someternos a sus tiempos, y a estar conforme con los cambios
- Rechazar dicha obra, mediante quejas, por ejemplo, no sabiendo esperar (implica Fe),…
Si entendemos lo que Él quiere hacer, ayudamos a Dios a realizar su obra en nosotros. Comprenderemos el “por qué” de muchas de las pruebas por las que pasemos. Durante el tiempo de cambios, Dios estará moldeando nuestro corazón y, como consecuencia, nuestro carácter.
Dios quiere usarnos para un propósito, y es a partir de ahí que Él comienza a moldear aquello que no encaja en lo que Él nos usará. Es decir:
Imaginemos que Dios quiere hacerme mecánico de coches, pero no se cambiar ni las ruedas. El proceso de irme moldeando es que, por ejemplo, a Isa le rajen una de las ruedas de su coche mientras está aparcado en la calle de al lado de mi piso, y tenga que ser yo quien la cambie. Y resulta ser que un mes y medio después, el Señor hace que tenga que cambiar otra rueda, esta vez de mi coche, y como hemos dicho que es un proceso, me encuentro con algunas dificultades con las que anteriormente no me topé, para así ir avanzando en mi enseñanza de cómo cambiar una rueda.
Dicen los entendidos, que es más fácil cambiar cuando se es joven, y no cuando se va siendo adulto. Mi padre me decía hasta hace poco:
“Isra, cambia ahora que eres joven.”
Y me ponía el siguiente ejemplo:
“¿Te has dado cuenta que a los árboles chicos, los jardineros le ponen troncos clavados en tierra al lado, y agarrados con una cuerda? Eso es porque los árboles jóvenes tienden a doblarse, pero para evitarlo, se les obliga a erguirse.
Incluso si pruebas a doblar el árbol joven, verás que tiene bastante elasticidad, mientras que si lo intentas con un árbol maduro, sólo conseguirás romper su tronco.”
Es por eso que debemos aceptar YA que Dios trabaje en nosotros, para que seamos más fácilmente moldeables. Cada año que pasa, nuestro carácter va siendo más maduro y, por tanto, somos menos moldeables.
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Algunos ejemplo en La Biblia
Abraham. Pasaron años desde que Dios le prometió que haría de él una gran nación (Génesis 12:2), hasta que pudo tener a Isaac (Génesis 21). Después, vemos que Dios pide a Isaac en sacrificio (Génesis 22), pero también eso entraba dentro de la preparación de Abraham.
Moisés. Príncipe de Egipto, ve el sufrimiento de su pueblo, y quiere una solución instantánea. Mata a un egipcio (Éxodo 2:11-12) y quiere escapar. Pasa 40 años en el desierto. Finalmente, tras todo ese tiempo de moldeamiento por parte de Dios, Moisés cruza el Mar Rojo con el pueblo (Éxodo 14:21-31).
Josué. Era un hombre con mucho potencial: fuerza y valentía. Pero pasó muchísimo tiempo al lado de Moisés, lo que le sirvió para enfrentar con sabiduría y temor de Dios todo lo que le venía.
Y del Nuevo Testamento, Pablo. Desde su conversión, hasta que estuvo cerca de los apóstoles, pasaron 14 años. (Gálatas 2)
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¿Qué características tenían estos hombres?
- Humildes
- Pasión por las cosas de Dios
- Amor
- Paciencia
- Dominio propio
- Sabiduría
- Fe
Dios quiere darnos estas características. Dejemos que Él nos moldee, pasando tiempo con Él, orando y leyendo su palabra.
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Un salmo de David
Un ejemplo de cómo pasar tiempo con Dios era David. Él hablaba con Dios en la intimidad, y componía Salmos en diferentes situaciones: cuando estaba afligido, cuando estaba gozoso o, incluso, cuando necesitaba confesar un pecado.
Conocemos que David falló más que una escopeta de feria. Sabemos que tuvo pecados muy vergonzosos (como cuando se acostó con la esposa de uno de los generales de su ejército, y luego mandó a dicho general al frente de una guerra para que lo mataran), pero David siempre volvía a Dios arrepentido, y fue eso precisamente lo que lo hizo un líder distinto.
Podemos leer una de sus oraciones de arrepentiempo en el Salmo 51.
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Dios quiere usarnos para un propósito, y es a partir de ahí que Él comienza a moldear aquello que no encaja en lo que Él nos usará. Es decir:
Imaginemos que Dios quiere hacerme mecánico de coches, pero no se cambiar ni las ruedas. El proceso de irme moldeando es que, por ejemplo, a Isa le rajen una de las ruedas de su coche mientras está aparcado en la calle de al lado de mi piso, y tenga que ser yo quien la cambie. Y resulta ser que un mes y medio después, el Señor hace que tenga que cambiar otra rueda, esta vez de mi coche, y como hemos dicho que es un proceso, me encuentro con algunas dificultades con las que anteriormente no me topé, para así ir avanzando en mi enseñanza de cómo cambiar una rueda…
Dicen los entendidos (e imagino que los psicólogos aquí presente podrán saber el “por qué”), que es más fácil cambiar cuando se es joven, y no cuando se va siendo adulto. Mi padre me decía hasta hace poco:
“Isra, cambia ahora que eres joven.”
Y me ponía el siguiente ejemplo:
“¿Te has dado cuenta que a los árboles chicos, los jardineros le ponen troncos clavados en tierra al lado, y agarrados con una cuerda? Eso es porque los árboles jóvenes tienden a doblarse, pero para evitarlo, se les obliga a erguirse.
Incluso si pruebas a doblar el árbol joven, verás que tiene bastante elasticidad, mientras que si lo intentas con un árbol maduro, sólo conseguirás romper su tronco.”
Es por eso que debemos aceptar YA que Dios trabaje en nosotros, para que seamos más fácilmente moldeables. Cada año que pasa, nuestro carácter va siendo más maduro y, por tanto, somos menos moldeables.